Después de tu muerte

Aprendí a cortar cebollas pensando en ti

A ignorar los letreros de prohibido 

y a sentir el riesgo de ser el riesgo que trepa por tu cintura 

Aprendí que dos menos uno son dos cuando se quiere tanto 

y que los adioses más difíciles son los que nunca han de volver 

Aprendí a quererte sin quererlo, a soltarte sin cuerda

a encontrar pedazos tuyos en todos los demás

Aprendí que hay silencios que duran para siempre 

y para siempres que duran solo un día infinito y soleado 

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Lo que se queda

A mis abuelos. 

 

Solo quedamos nosotros 

Después de que la tierra cubriera sus ojos

Sus manos llenas de caminos

Llenas de las historias que nunca contaron 

Quedamos los que somos, 

Los de los sueños que se marchitan si no se cumplen

Los de los corazones chiquitos de tanto extrañar 

Quedan también los surcos de ellos en nosotros 

La tierra fresca, la roca firme y la piel suave

El perdón de lo que fue y de lo que nunca sabremos 

Queda el silencio, 

el blanco y negro de sus sonrisas, 

las generaciones que están por venir 

y nosotros que seremos sus abuelos 

Quedarán los años que vienen,

 las arrugas que estorban 

y los niños que aún no lo son. 

Quedará el recuerdo, 

el después de la noche eterna, 

la marea alta que borra las huellas 

y la luna cómplice de lo que se lleva el mar 

Quedarán las venas siempre abiertas en el árbol de la vida 

Las flores que se secan, los días que se nublan 

y esta absurda necedad de querer detener el reloj del tiempo 

y de darle cada dos días la marcha atrás 

Llegué de cuatro pedazos y ellos a su vez de cuatro más 

 

 

Chicago

Por acá llueven recuerdos

y son las nubes las que guardan las memorias perdidas. 

Se pierden nuestras voces entre el sonido de la tormenta 

y el cielo se presenta inmensamente inalcanzable. 

El hoy es el ayer de tu mañana

mañana nublado, dividido, con lluvia o sin ti. 

Eres la lluvia de mis ojos hecha lago

Ciudad lluvia, ciudad tormenta

de nubes bajas y vestidos cortos. 

Entre la perdición y la prohibición, 

Chicago en verano es un blues

siempre húmedo y desesperado. 

Hijo mío

 

Anda, ven. Déjame acercarte esta flama que tanto te asusta. Déjame ver tus ojos incrédulos cerrarse por no verme .
Deja que mi amor se convierta en tuyo y tus manos mías.
Soy el abismo que te confunde, la marea que precede al todo y la palabra que te calla.
Soy quien te sigue de lejos, a quien ves en el espejo; dador de vida, sicario prudente; causa y delirio, la vida sin muerte.
(Soy los pasos del vecino, la razón del delito y la mirada de enfrente.)
Anda; mírame sin miedo que no esperaba encontrarte santo a estas alturas ni inmune ante el engaño.
¿Cuántos labios besaste? ¿Cuántas noches ingratas olvidaste buscarme?
Lo sé todo, no hace falta que lo digas.
Sé que ahora piensas te has vuelto loco al oírme.
Que dicen los hombres que la ciencia no engaña. Me divierte la fe de los científicos porque al fin y al cabo es fe.
¿Recuerdas que antes de querer ser médico querías ser cura? No te culpo, el sacerdocio a mí también me hubiera aburrido. Aún eso lo decías cuando eras niño y estabas más libre del mundo. Ahora ya no importa.
He venido porque escuché que buscabas la muerte. Y te miro ahí tendido sin valor para verme.
La muerte está ocupada hijo mío; y tú la llamas, imprudente.
¿No ves que afuera y en todas partes a destiempo la aclaman?
La muerte hoy debe estar alerta en todo el mundo. Es la estrella del noticiero que tanto vende. De Irak a Somalia, a México o a España; por Finlandia o Pakistán, a China o a Tailandia. Va al sótano del asesino, a los sueños del teniente o en el auto con Malverde.
La muerte no tiene tiempo para tonterías. Ayer, aunque ella no quiso, tuvo que llevarse a un par de niños del Sur. Dicen; fue un error de la guerrilla.
Hace unos meses, por su elevado trabajo, vino la muerte a buscarme. “Renuncio a los suicidas”; me dijo; ¿y quién era yo para culparle?
Así que anda, hijo mío; duerme y disfruta la resaca de mañana. Volverás al diario, al trabajo y a la mujer que no te ama. Te saludarán en el bar de siempre. Verás a un niño y te hará reír. Contarás los días, las horas y las deudas. Y luego un día, cuando menos te lo esperes, bajará la muerte a buscarte; y por más que implores que te deje, será tiempo de marcharte.

Rachmaninov

La música se derrite y yo te extraño. 

Rompen las olas en mi cabeza como notas 

y las notas se vuelven espuma sobre tu pelo. 

Es el ir y venir de los recuerdos que aún no tenemos, 

los dedos que se mueven solos 

y esta primavera enloquecida del Distrito Federal. 

 

Tú y la música clásica son poesía. 

El tráfico no. 

 

Cierro los ojos y me sereno. 

El cielo de adentro se torna rojo 

y por afuera ya viene la lluvia 

que en esta ciudad cae como cascada.

Rompió la nube y se inundó el cielo. 

Me inundo yo también por adentro 

solo de pensarte y el pensamiento 

se vuelve poesía que me sabe a ti. 

Despedida

Esa mañana cayó la noche sobre tus labios.
cayó la vida con tu tormenta
y el suelo se mojó de lágrimas,
de silencios y de despedidas

A Pablo.

Todos venimos a morir en esta vida.
Por tan solo un rato, infinito suspiro
nos presta esta tierra su aire
para que lo hagamos poesía, amor, canciones…

De nosotros se alimenta el universo y nosotros de él;
va respirando el cosmos en algún lugar con nuestros pulmones
y bebiéndose el agua de nuestras lágrimas

De este lado las arrugas se hacen cada llanto más profundas
y se recicla luego nuestro dolor en cada carcajada
y es la armonía de esta simbiosis en su perfección, no siempre perfecta,
que nos condena a ser hasta desaparecer.

Se nos van los amigos, camaradas, compañeros,
se nos va el tiempo sin que podamos detenerlo
y el sabor de las noches amarga
cuando la luna llora rota una despedida

Nos veremos en otro lado
en un abrir y cerrar de ojos
de algún instante detenido
dentro de un amanecer morado

Llegará entonces tu risa y tu guitarra
llegaremos todos al horizonte
y bajaremos con el sol y su grito
para bailar a velocidad de la luz.

Bailaremos la vida, el silencio y las batallas.

Bailaremos en silencio.

La noche de tu adiós, Trovador de Esperanza,
Volaban las notas, diluviaban recuerdos
y las palabras y las gargantas se cortaban.

Se nos va tu sílaba dejando una rumba incompleta;
ganas de más de ti en todos nosotros
y una sonrisa agradecida y desencajada
por habernos encontrado en este rato de tierra prestada.