Tiempo

Hay días eternos de palabras secas 

Años que nos van dejando, 

susurrando desde el olvido el recuerdo

y recuerdos que a base de repetirlos se desmoronan 

 

Nos secamos nosotros también, nos desmoronamos 

como pan viejo con cada lluvia nueva, 

con cada caricia en la humedad del rocío 

al amanecer. 

 

Nos volvemos más necios, 

más flacos de pensamiento 

y más arrugados de piel. 

 

Llegan entonces los miedos y las prisas, 

las risas atoradas tras puertas 

que nunca se abrieron 

y las ventanas grises que ocultan el atardecer

 

La primavera sospecha entonces que será la última 

y acumula el polén en el cajón, 

sobre las repisas y detrás del alma 

 

Es ahí mismo donde surge el llanto 

con el viento que llega del norte, 

se lleva loso mosquitos y contonea la memoria 

explotada cual palmera 

 

La luna llena no puede alumbrarlo todo

y queda siempre un gato a oscuras

escondido en el silencio. 

Que lo que no se dice no duele 

y lo que no se escribe nunca fue. 

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